Tuesday, December 11, 2007

Inicio de semana

Pasaban de las ocho de la noche del jueves 29 y mientras veía consumirse un cigarrillo en un cenicero improvisado anunciaban en doble nueve concierto de Bareto para el viernes cuando los desechados trozos del tecknopor rebanados por los filos del metal para descubrir una forma humana se dejan elevar por algún viento llegado al taller de Edmer; donde por el asueto que nos dimos la noche anterior al dejarnos llevar por el ocio y el alcohol sin preocupaciones, sin trabajo; había que compensar el tiempo amaneciendo al viernes trabajando en esas enormes esculturas a entregar en la mañana. Antes, ese Jueves, temprano, una llamada hecha dijo que vería al día siguiente a quien haría que las horas transcurrieran sin prisa, sin calma, para disfrutar imaginar el viernes en la noche sin pendientes y volver a vivir otro viernes tan bueno como el último. Entonces después de salir de una rutina más en la chamba en el centro y ya en Ate dispuesto a la magia de las formas y colores en una noche que se hace madrugada a través de la música, charla, alguna botella para compartir y a culminar lo iniciado. Así, despertamos para solo asumir lo realizado, a entregar lo terminado. El jueves no estaba más.

Tal vez fue que no llamé más temprano a Jhulyanova para confirmar lo dicho en la llamada del día anterior o que simplemente no la tendría que ver, porque nunca me pude comunicar con ella ese viernes en la noche de acostumbrada involuntaria caminata solitaria en Barranco, cuando el paso del tiempo en sentimiento de incomodidad no es visible. Compartir vereda con otros transeúntes, el bullicio acostumbrado escuchando solo lo que se quiere oír, pensar, afiches recargando la agenda desde paredes viejas, gente de fiesta, y a pesar de ese clima era para mi un viernes sin sabor. Hasta que alguien en medio de una fila de gente para entrar a un evento me grita el sobrenombre. Era la tercera vez que Karina hacía eso, me sorprendía sin darme tiempo de verla antes y hacerle lo mismo. Estaba de pronto en ese concierto de Bareto en Sargento, quienes hacían homenaje a una clásica banda de la selva, “Juaneco y su Combo”. De repente, en medio de cerveza bien fría, de cumbia guitarrera y bailarinas en tangas, con Karina y Johana en su consigna muy propia, al fin el viernes sonriendo me mostró una salida para poder desaparecer del lugar sin avisar y visitar a Ángel en Villa el Salvador llevándole un presente para recibir a un sábado que se llenaba de quehaceres con solo un tema.

Kelly había llamado días antes, claro respondiendo una impertinente llamada mía muy de madrugada una semana atrás. Quedamos en vernos el sábado por la tarde, la tendría que ver en el centro de Lima. Una vez más con actitud bastante desatinada de mi parte, cuando el verla significa tomar en cuenta esa época de gloria en mi vida, aunque sea solo verla y pasar tiempo con ella, aunque sea en ese poco tiempo que tenemos para vernos y charlar de los temas más escondidos. Acababa con un sábado de Kelly prefiriendo escuchar los asuntos de mi hermano y eligiendo al borgoña en lugar de ella. Era la enésima vez que contradecía mi coherencia para con ella y en lugar de recitarle el significado que a mis días y noches le dio, acabo mandando al carajo a quien siempre me dio su mejor sonrisa. El sábado continuó con los acostumbrados amigos, con la acostumbrada música y los acostumbrados temas que oía para no pensar en mis tontas tragedias.

El domingo llegó con mal sabor, lo único que quise hacer es llamarla saber lo que dice y poder revertir lo que sentía por mi. Pero la actitud con que recibe mi llamada es la mejor. No pude imaginar que debía decirle después de tratarla mal y a eso ella demuestra que sigue siendo la persona que mejor comprende la mala actitud de un mal entendedor. Caminando por el trébol de Javier Prado ese domingo al mediodía pude, en lugar de reforzar mi olvido, refrescar mis recuerdos y traerlos a mi actualidad. Por la noche Álvaro con una llamada hace que aparezca en el bar de la doña Eus para entrar en vanas conversaciones y anécdotas entretenidas con los muchachos, así terminar una semana de fin de mes en el mismo lugar.

El lunes tenia que parecerse a un lunes, a una cuadra de la Cayetano saco el fotocheck del bolsillo para colgarlo en el cuello y dejar que el guachimán me tome por un trabajador más. La semana había iniciado en el mes final.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home