Leo.
Ese Lunes por la noche nada salía como deseábamos, la circunstancia nos daba la espalda a cada cosa que intentábamos hacer, Villavicencio dijo que se debía a los constantes tropezones que estaba teniendo (la hermana le habría dicho una vez a modo de superstición que si se tropezaba a cada rato nada de lo que intente hacer se realizaría ese día). Cambió la cara de seriedad después de unos segundos y nos cagamos de risa para seguir caminando. Entonces tropieza otra vez. Ya la cosa estaba algo rara así que concluimos en que aunque muy absurda la teoría tendríamos que hacer algo para evitarla. Nos separarnos, de otra manera si no seguían los tropezones venía el espaldarazo de la realidad. Nunca encontramos lo que buscábamos.
Ya solo y respirando calmo, las cosas tenían otro aire. Me conecté al msn. Las personas acostumbradas, nuevos poco interesantes correos... una sesión más, sin contar con el factor sorpresa que una sesión más suele tener porque cuando eso sucede, lo inesperado llega de golpe. A veces se espera que lo malo del día no se cambiará por nada (muchas veces fue así), otras veces el último minuto puede compensar todo lo mal vivido en los restados atrás. Había pensado que el correo en hotmail que me dio Leo lo había inventado para no toparse conmigo ya que le podía dejar mensajes en el yahoo que usaba. Por primera vez pude ver que se conectaba al msn. Lo último que sabía de Leo era que estaba radicando en Cusco. En uno de sus correos decía que estaba en un pueblo alejado y que no sabía cuando regresaría a Lima, donde nos conocimos. Recuerdo esos escasos encontrones fortuitos en los corredores de la escuela de Bellas Artes, la alegría que me causaba verla y esa manera de saludarme con la sonrisa de sus ojos. Siempre traía una prenda total o parcialmente naranja que le daba un brillo muy agradable, cargaba una maleta-estuche donde llevaba los oleos y una mochila. Qué curioso! ahora que pienso en ello, en todas las veces que recuerdo verla había sol, eran días de sol cuando aparecía. ¡Hola Leo! -le escribí-, me contesto que estaba en Lima y que iba a ver unos documentos a la mañana siguiente en la escuela. Le conté que estaba frecuentando el centro y ya que ella estaría ahí, podría verla. ¿Qué tanto has cambiado? -le pregunté-. Aún la recordaba, pero hacía años de no verla. Como fuere, esa noche después recibir el revés del destino en lo que quise hacer, éste me mostraba una rutina interesante de significado por descubrir. Vería a Leo al día siguiente. De qué se trataría, de pronto estaba con los ánimos para ver a alguien hechos mierda y al momento siguiente una persona muy agradable desde todo punto de vista, me decía que me vería. Recuerdo la vez que la conocí en Abril del 2000 ella estaba ya en especialidad y yo iniciaba. Uno de esos primeros días estaba yo hablando con un par de patas de su año sentados en la pileta del primer patio. Los había conocido la mañana del día anterior (ellos llegaban a lanzar a la plazuela de San Camilo y nosotros culminábamos ese pasatiempo afín) hablábamos de eso, intercambiábamos datos de proveedores y comparábamos los servicios. Estaban con un grupo de cinco personas del mismo año y a punto de marcharse al taller de dibujo, esperaban a una chica. Ella llegó con un lienzo, pintado ahí un anciano de esos con facha muy antigua de cabello y barba muy crecida en una onda a claro-oscuro, motivo de nuestra primera conversación.
¡Ya me voy! -dijo Villavicencio sacudiéndome-
¿Qué pasó con el resto? -le pregunté levantando la mirada-
¿Cuál resto huevón, te quedaste jato? -me dijo cagándose de risa- Ya son las seis he ordenado todo, nos vemos, estamos hablando.
Estaba en la sala de la casa.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home